martes, 21 de enero de 2014

CLXXX Tu bar, mi bar.


Abrí este bar con estilo y lo logré, conseguí que fuera glamuroso, pero el bar eres tú, mi querido amigo. 
Antes de que tú llegaras los clientes, mis clientes, me pedían bajito y con mucha educación, las conversaciones intelectuales se mezclaban con silencios aún más sabios, en los baños se tiraba de la cadena y la gente se lavaba las manos al acabar, permanecían impecables durante toda la jornada. Jamás de oía un grito ni una palabra malsonante…
Hoy, el paragüero que tantos paraguas de diseño almacenó se ha convertido en papelera de servilletas de papel, el suelo es un palillero de salivas y serrín. Los gritos y borracheras inundan el ambiente. El fútbol es la ley. Pero lo peor de todo es que no puedo echarte pues  desde que tú llegaste todos mis clientes se han ido convirtiendo y son todos como tú, desgraciado, curruqui asqueroso.

CLXXIX Asalto.


Decidí asaltar tu boca, sin cuerdas y a lo loco, pero apenas pude acercarme pues se cerró herméticamente al sentirse amenazada. Estuve días merodeando la zona pensando en la manera de esconderme, de colarme, de cómo colocarme… Me armé de valor pero cuando ya estuve a punto de coronar la cumbre de tus dientes, tu voz, cual avalancha, me empujó al vacío. Exhausto y dolorido me arrodillé en tu labio y te miré, después de meses intentándolo me había rendido, lentamente me levanté y me di la vuelta y cuando ya estuve a punto de marcharme definitivamente, tu lengua me tendió un puente sobre la cordillera de tus dientes, caminé por ella y por fin me bañé sin ropa en tu pantano de saliva.

lunes, 16 de diciembre de 2013

CLXXVIII Amo de mí.

Prefiero ser AMO de mis palabras que ESCLAVO de mis pensamientos.

CLXXVII ¿Éxito?



El aclamado y exitoso empresario adinerado decidió colocarse una cámara de video secreta en la espalda para observar su don de gentes desde otro punto de vista.
Tras visualizar el video después de su jornada laboral…
Una semana después dejaba su trabajo.
Un mes después le dejaba la mujer.
Un año después le comían las deudas.
Hoy, es un indigente.

¡POR DELANTE Y POR DETRÁS, TRIS TRAS!

CLXXVI Aves de paso.



Cada vez me doy más cuenta de lo que significamos para el resto, conocemos a cientos de personas,  cientos de pájaros que se posan en tu vida y el día menos pensado vuelan y te abandonan. Gente que solo se aprovecha, gente que solo te pone buena cara y gente que ni eso. Porque he aprendido que nadie te reconoce el trabajo bien hecho y no tan solo eso, sino que hay gente que hasta le jode tu éxito, he aprendido a trabajar bien porque a mí me reconforta, nada más. La gente es muy egoísta e individualista. Yo antes lo pasaba mal, ahora ya me he cansado. Ya me he cansado de abrir los brazos cuales ramas para que los demás se posen, ahora me he convertido en ave de paso, liderando a todo el grupo de de pájaros y pajarracos que andan sueltos. La picaresca de mi pico siempre me acompaña, mi visión periférica me ayuda a observar y analizar cada comportamiento desde las alturas, he aprendido a no involucrarme demasiado, a pasar desapercibido enterándome de todo y cuando alguna, rara vez, me encuentro con alguien que vale la pena no dudo en subirle a mi lomo y volar, colmándole de alegría y esperanza y aunque el vuelo normalmente dure poco, el tiempo vivido es tan intenso que el recuerdo lo torna eterno y dura poco porque yo ya no me poso con nadie, continúo mi camino. Eso sí, cada día después de volar vuelvo a mi nido con mi familia, allí me relajo, allí me quito el disfraz de pájaro y me convierto en lo que soy, sin defensas ni escudos, tal cual soy, o intento ser… el mejor padre y un mejor marido.

CLXXV Vuelos.





Engancharon del pie de un independentista radical un gran globo rojo de helio, poco a poco subía y subía, sus gritos de independencia cada vez se escuchaban más a lo lejos.
 Unos meses más tarde, tras su viaje, regresaba caminando feliz, tranquilo y contento con el mismo globo rojo, mucho más pequeño, cogido de su muñeca, en el cual se leía solo una palabra: VIAJAD.

CLXXIV Vilarana del Peloponés.




Todas las bodegas de Vilarana del Peloponés explotaron, la ciudad se inundó de vino, algunos de sus habitantes murieron ahogados, los que sobrevivieron decidieron empezar a beber todo ese vino de las calles para recuperar sus casas, para recuperar sus vidas. Al cabo de unos meses las calles del pueblo volvieron a recuperar su aspecto pero sus habitantes jamás volvieron a ser los mismos.

Unos años después del desastre me ha tocado venir a trabajar a Vilarana, si bien, no se aprecian daños evidentes en las infraestructuras del pueblo, al relacionarte con sus gentes te das cuenta de la suerte que tuve de no estar aquí el día de la catástrofe…
Bueno, os dejo, que mis niños tienen natación y están a punto de meterse en la piscina…mmm… Por cierto, ese color del agua es algo rojizo…